Estancias

LO QUE PODEMOS VER

Una arquitectura y decoración particular, afrancesada, italianizante, historicista, propia del periodo ilustrado (neoclasicismo, rococó). El pazo se construye entre los siglos XVIII y XIX. Pero lo más curioso es la atmósfera de la casa, con un poco de imaginación y sensibilidad podemos tener una sensación de atemporalidad.

Las transcripciones que aquí os mostramos han sido llevadas a cabo por Matías Yáñez Carballada. Podemos considerar que el archivo está formado por varias partes, una de ellas más heterogénea, contiene los legajos concernientes a las funciones administrativas que allí se llevaban a cabo.
Cobro de foros (abarcan gran parte del sur de Galicia), actas notariales, correspondencia política y familiar, testamentaria, administración de los bienes del convento de San Vicente del Pino, documentación de la guerra de la Independencia, administración del condado de Lemos, dependiente ya del ducado de Alba, legajos que hacen referencia a diferentes señoríos de la zona de Lemos: Reguengo, Somoza…,  documentos que nos remiten a conventos como el de Ferreira (Cister), a Clarisas (Monforte), legajos del propio pazo, de las tierras que de él dependían y de la familia Yáñez-Rivadeneira. Foros del siglo XV y XVI, el grueso del archivo pertenece al periodo XVIII- XIX, pero existe documentación anterior (XV-XVI-XVII). Otra parte del archivo engloba los legajos concernientes a la Real Orden de San Juan de Jerusalén (Orden de Malta), son documentos inéditos, esas fechas XVIII y XIX no constan en el Archivo Nacional; hay un vacío en el estudio e investigación de esa etapa histórica de Galicia en cuanto a lo que tiene que ver con la Real Orden de Malta. 
En las dependencias de las oficinas se han acumulado periódicos y boletines oficiales del XIX. Hay una pequeña muestra representativa de la biblioteca familiar (etapa ilustrada, enciclopedista).

Decorada, como toda la casa, por Castinande. Su retablo, dedicado al Papa Antero, es pictórico; no abundan este tipo de retablos sobre Lienzo. En el centro de la capilla hay tres enterramientos. Podréis ver también las vestiduras talares del capellán en perfecto estado de conservación. La capilla tiene un coro al cual se accede desde la planta alta de la vivienda.


Papa Antero desde el coro
Guillermo Sotelo, el fotógrafo, capta con su mirada hábil una original perspectiva: el Papa Antero queda perfectamente enmarcado por el siluetado de los barrotes del coro. El punto de vista está en consonancia con uno de los juegos que propone la casa misma: una mirada fragmentada, las facetas que componen esa totalidad de morada se insinúan como signos independientes y como tales cargados de sentido. El que ve interpreta una realidad que juega a ser múltiple, no se agota. Esto puede suceder en cualquier paisaje, pero es indudable que hay «construcciones» que se prestan, yo diría que por su naturaleza (naturaleza entendida como modo de ser), a una comprensión poliédrica, a una descomposición perfectamente significante.

 

Sobre el cordero

1.ª parte: Quedamos esa tarde Irene y yo (Rosenda) con idea de hacer fotografías en detalle, con el fin de ilustrar algún texto. En la capilla, fotografió Irene la decoración del altar (pintada por Castinande) un cordero que descansa sobre un libro cerrado con siete chapas o lengüetas, en cada una de estas hay una letra, forman el término: «B.C.P.C.E.O.M.», no creemos que sea una palabra ya que en el extremo bajo de cada una de ellas hay un punto, como si fueran las iniciales de algo o bien un acrónimo. Yo ya había preguntado, cual podría ser su significado, a quien considere que pudiera saber más que yo de estos temas, sin ningún resultado. A Irene también le pareció intrigante esta iconografía y se brindo a indagar en internet. Esto es lo que concluimos: dependiendo de la postura en la que esté el cordero su significado simbólico varía, en este caso en el que está tumbado sobre el libro, hace referencia a su labor de guardián, custodio, protector del Libro de los Siete Sellos, esto es, el Apocalipsis de San Juan, de ahí las siete presillas o lengüetas. No logramos averiguar nada del significado de las letras. Irene preguntó a varios teólogos y pidió información en un archivo catedralicio, sin mayor resultado que incluir en esta intriga a más personas. Creemos que el paso del tiempo ha hecho que algo que seguramente fue de conocimiento común entre los cristianos haya caído en el olvido. Si alguien tiene información le agradeceríamos la comparta con nosotras.

2.ª parte: La mañana del jueves 27 de Marzo recibí un correo, procedía de México, por lo que después averigüé. Era la significación de las siglas BCPCEOM. No diré de quién procede la respuesta, pues quizás no sea de su agrado que pongamos su nombre, pero sí comentar que esclarecido el misterio de las siglas, surgió para mí un nuevo misterio, a saber: ¿quién era la persona tan amable y modesta que nos sacaba de dudas? Su correo había sido escueto y suficiente, nada decía de sus credenciales académicos. Busqué en Internet su nombre. Es una investigadora reputada de México. La solución, definitiva, creo yo, que nos da esta doctora es la siguiente: las iniciales corresponden a los siete sacramentos: Bautismo, Confirmación, Penitencia, Comunión, Extremaunción, Orden sacerdotal, Matrimonio. Ya veis, ahora parece obvio, no lo fue ni para nosotros ni para todos aquellos con los que consultamos. Por nuestra parte quizá lo que nos perdió fue la ignorancia, una mente juguetona y posiblemente un poquito retorcida por manías y resabios.

3.ª parte: La noche del 11 de abril recibí una llamada con número oculto, era ya tarde faltaba un cuarto de hora para las doce, me pilló desprevenida y contesté un poco «airada». La persona que hablaba desde el otro lado de las ondas (un hombre) se dirigió a mí muy correctamente y disculpándose por si la hora era un poco intempestiva, le contesté que más que la hora lo que me inquietaba era que me llamara con número oculto… Me tranquilizó al respecto y me explicó que había leído lo referente a las iniciales en las lengüetas del Libro de los Siete Sellos, es decir, lo último que habíamos añadido. Me dijo que le daba la impresión por mi manera de expresarme (aquí se refería a lo que esta escrito más arriba) que no estaba muy convencida de que BCPCEOM fueran las iniciales de los Siete Sacramentos como me había apuntado la investigadora Mexicana; entre tanto me dijo que pudiera ser que se cortara la comunicación pues tenía poca batería… Me animó a que siguiera buscando y que él sólo me comentaría un dato significativo que creía yo debería tener en cuenta, esto es: hasta el Concilio de Trento no quedan establecidos como tales los 7 Sacramentos y el Libro del Apocalipsis de San Juan, naturalmente, es muy anterior. Le agradecí, cómo no, su gentileza. Quedó en llamarme más adelante y aportarme más datos, pero entendí que para él y por supuesto para mí era fundamental que fuera tarea mía el indagar en ello. La comunicación se cortó, supuse que se le había agotado la batería, me había prevenido de ello, como ya comenté, al inicio de nuestra conversación… He de reconocer aquí, como ya lo hice con mi «misterioso» interlocutor, que efectivamente acepté como conveniente y de una manera convencional, y nunca mejor dicho, la explicación referida a los Sacramentos, pero en mi fuero interno, también es cierto, no dejó de parpadear la incertidumbre. Hubo ciertos términos que utilizó el misterioso personaje muy esclarecedores, pero a un nivel más personal y que tienen que ver asimismo con la casa, y que además de ser en cierta manera indicadores me parecieron acicates en un sentido amable. Esta parte me la reservo por respeto a él y porque creo que solo a mí me concierne. Y desde luego sí pienso indagar más en el significado de BCPCEOM.

Cordero Custodio del libro de los siete sellos (Apocalipsis de San Juan). Pintura Frontal del altar, Autor: J. Bernardo P. de Castinande

Solaina en gallego; sobre el patio, cerrado sobre sí mismo en rectángulo. Esta forma del patio es propia de muchas casas solariegas gallegas. La solana neoclásica forma una L con otro corredor anterior en su construcción, de hechura más rural, perteneciente a la vivienda dedicada a zonas de servicio.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
SE ESTÁ BIEN EN LA SOLANA… 24 de abril de 2006
Se está bien en la solana, los ruidos suenan diáfanos como en verano, y aunque parezca recurrido oigo el pitido del tren como en una retórica un poco cursi, como yo misma en algunas de mis facetas talladas con páginas de no sé qué novelón, pero es que oigo también los camiones y los coches que circulan a todo trapo por la N-120 (la finca está dividida casi por la mitad por la carretera, que nos llevará a Castilla en una dirección y al interior de Galicia en otro sentido); oigo además los pájaros, el agua, a alguien vociferar, a los perros (unos propios y otros ajenos); oigo lo que me es posible.
Estoy habituada, y no me es extraño este mezclijo de ingredientes. La vida es así. Pero en cierta manera, este espacio cojo de tiempo, es una metáfora redonda que se descompone en poliedros infinitos e imposibles del anacronismo o más bien de la atemporalidad.
 La mayoría de las cosas que me rodean, toco y me rozan, me hablan de una historia de usos ya idos. Hay en esto otra idea más de ser en sí mismos, dada también por su propia naturaleza objetual. Sin ir más lejos:
La llaveherrumbrosa, maciza, torneada, en su signo está recogida su forma, lo que fue, lo que dejó de ser y lo que pudiera ser en su resolución. Lo que es en su ranciedad y en su plena y presente actualidad. Su posibilidad se mete por el ojo de una cerradura, enhebra aquí y allá los espacios y va dibujando ideogramas y otros entramados. En su extremo: el laberinto, que abre el mecanismo, descerraja portales, muestra expectativas, nos da puntos y pasamos fase. Hay otros paisajes, otras concepciones (…) resabios literarios, cinéticos, a veces hasta el empalague, me da cargazón ya sólo contarlo. Y como objeto utilitas carecería de los preceptos que le harían tener sentido, en este caso, su funcionalidad. El uso ordinario de cerrar o abrir alguna cerradura mecánica de resortes metálicos. Esta llave en la que aquí reparo, está colgada en la pared, por estar en algún sitio, junto con otras en parecidas condiciones, nunca iguales, la condición viene dada por tantas circunstancias, una pérdida en el abismo de calcular probabilidades. Está la llave con su postureo clave de otros mecanismos tan variados en su concepción, que pueden ser de hierro, de carne, de aire, de todo. De todo lo que la hace y nos hace materia de la imaginación, materia de la sangre, cuántica conjunción de lo mínimo, cosmogonía de lo inabarcable. En su estilización, signo gráfico, parece siempre encerrar o abrir una pregunta o una respuesta, cierra o abre su interrogativo trazo.
 – Están también cerca de mí las columnas que sujetan el alero de la solana, son cuatro, dos a dos de la misma piedra; las unas son de granito más tosco, las otras más blanco y pulido, el fuste de una de ellas es casi de una misma pieza de piedra. Me cuentan algo que huele a corruptela clásica, no llega a corrupto en su quiero y no puedo, y no me lo creo o me lo creo a duras penas. Quisieran evocar un clasicismo que se pierde en su viciada manera de pretender demostrar algo de lo que no están convencidas; les interesó siempre más otra cosa distinta a un canon puro o reminiscente, no sé qué es eso que las distrae y las desvía.
 – A mi espalda, una ventana que se asoma al interior de la casa. Si miro hacia adentro, me pierdo/e con un placer que tiene algo de voluptuoso, el que se da a entender en la trampa de la seducción, un ejercicio arquitectónico depurado en la grafía de un espacio, concepto de laberinto, espacios que se comunican a la vez que son independientes, y no nos lleva a un estar vagando en una perdición angustiosa, tediosa…, sino a un lugar de luces, de aperturas, de esquinas y de sombras. Me ofrece esta ventana un sitio, un tiempo, que no cesa de entrar y salir por las puertas, que baja escaleras y las sube, que comunica una estructura encerrada en sí de caracola, un tiempo que no deja de ser el mismo en todo momento y es otro en cada instante, en su ir y venir se transforma y me transforma.
 – Al otro lado de la casa (no se ve desde donde estoy ahora en la solana), hay varios edificios, algunos todavía en construcción, en mi pueblo por altos, que no lo son tanto, siete u ocho pisos, les llamamos torres. Y en base a esta personal y aleatoria composición de lugar, me sitúo ahora mismo en la neuralgia de la atemporalidad, que me procura la libertad de interpretar lo dado en una variedad infinita de conjunciones, seguramente nada cartesiana, pero me apropio del chasis de ese cruce de conceptos como bastidor inapreciable, como esqueleto, para estirar sobre él las fibras que todo lo recorren, las de mi espina dorsal también, con las que tejo un entramado de realidad.

Dormitorios, salas, salones, comedor…

En la habitación roja (La habitación de las cortinas)

Cuando comienzan las visitas en primavera, me cuesta vencer la timidez, me acerco a los visitantes con cortedad, estoy sugestionada por un invierno eterno, helado, paralizante. La casa ha estado durante muchos meses como una enorme bestia aletargada, con otro ritmo respiratorio, su aliento ha sido húmedo, lento, muy profundo, se ha dedicado en el invierno a cerrarse sobre sí misma y sobre los que la habitamos, me viene a la cabeza el uroboros. Me he sentido prisionera, y sé que he pasado días en una misma habitación concentrada en una tarea, que razonándolo ya fuera de ese su espacio, cuasi intestinal, no era tan urgente ni tan necesaria. Estuve durante semanas tapando grietas en las paredes del cuarto rojo (su pintura es roja y blanca, sin gran esfuerzo esto es fácilmente deducible, aun considerando mi enrevesamiento sintáctico, pero por adicción redundo), allí permanecí «enfrascada» como un animalito en su cápsula de líquido nutricional, en una acuosidad de espejo, volcada sobre las grietas, a veces doblada sobre mi cuerpo, en la representación de fisicidad interior, abismada de mí misma o en mí misma, en la negrura de las hendiduras, que procuré tapar con AGUAPLAX. Mi gesto gráfico generaba día tras día contracturas en lo físico y nudos recalcitrantes en mi interior.
Mis maneras, mientras duró este más o menos mi engatusamiento, fueron delicadas hacia lo ajeno, rellenando a mano, con los dedos, las grietas, no se presta la casa al uso de la paleta, ni siquiera consiente la espátula, exige la delicadeza de la carne, y he repetido, a lo largo de un tiempo que no sabría calcular, gestos de caricia cosmética a unas paredes que se supone no deberían sentir ni parecer. Estuve retenida y ajena a estas consideraciones y a cualesquiera otras. El dormitorio simula con pinturas estar cubierto en sus cuatro lados por un cortinón que lo cubre enteramente, la tela que no es otra cosa que pintura a rayas, como ya dije más arriba, tiene una geometría burlona de efecto óptico; hay en ello una frivolidad tan extremada que a simple vista podría resultar chabacana, pero paradójicamente, en su fondo lineal, en su devaneo de matices y sombras, en su repetitiva variabilidad es refinada y sutil. Su colorada coloración (¿tienen estos dos vocablos un mismo origen etimológico? Está claro que sí, se tocan en algún punto de su evolución significante. Es curioso), a mí que soy morbosa, cuando me toca la vena de lo sanguino, me lanza al meollo de lo cárnico, al limo de lo orgánico, y allí hurgo en los sentidos y en las sensaciones de la piel enervada. Hubo alguien de la familia, que con sus interrupciones consiguió echarme de la estancia, el cuarto me soltó, también aburrido de las intromisiones, y fue más tarde cuando me percaté de que de alguna manera, ese dormitorio, con su mobiliario propio del Romanticismo, me había echado el lazo, quizás algún lazo de los que tiene pintados rematando el cortinón. Su geometría rectilínea sólo lo es en apariencia, hay tantas curvas como rectas, la percepción primera nos engaña y no apreciamos esa sinuosidad disimulada, pero es en esa distorsión donde se fragua y traza el punto de fuga, una fuga hacia dentro, una huidiza realidad que se esfuma entre los pliegues pintados de los cortinajes.
 
 

Mobiliario de época, estilo imperio, romanticismo, art-deco…

Montaje de la cama
Sábado 9-7-06
Era una noche de sábado, cenábamos en el pazo, formamos dos grupos, Paqui y Victoria se brindaron generosamente a hacer la cena, mientras Guillermo Sotelo, Jorge Vila y yo (Rosenda) bajamos a los archivos, con idea de que Jorge viera un detalle del antiguo sistema de seguridad. Ya en los archivos, y como una cosa conduce a otra, y si a mí me va perderme en cualquier vericueto, a Guillermo nada le deja indiferente, y Jorge se prestaba de buen grado; fuimos a parar a a entrada de una cámara de seguridad y antes de que yo me percatara ya ambos estaban con la cerviz doblada, la cabeza justo debajo de la losa, precariamente apuntalada, que cierra la entrada a a cámara (una especie de «habitación del pánico»que tan en boga está ahora, sólo que esta tiene dos siglos) dispuestos ambos a tragar telarañas y lo que pudiera surgir, muy decididos, me pareció que estaban los dos, a correr aventuras. A la vez nos llamaban, la cena estaba lista, y ellos dos con espíritu investigador, pillados por la imaginación. Se me ocurrió, al hilo de la abundancia de sucesos encadenados, señalarles dos arcones (de aproximadamente 1,65cm. x 60 cm.) que llevaban allí colocadas sobre 20 años, anteriormente habían ocupado un lugar en otras habitaciones de la casa. Les comenté que dentro había piezas de madera torneada color negro que encajaban entre sí por medio de tornillos, la mayoría de las patas tenían ruedecillas y un sinfín de remates ornamentales, era un kit gigantesco del siglo XIX, eso sí, carecía del libro de instrucciones, me parecía recordar que existía una etiqueta pegada en una de las arcas, pero no había ninguna otra instrucción. Mi abuelo, tiempo atrás, había intentado montarlo con amigos y en ocasiones solo. Nunca había logrado que le saliera algo convincente, sus construcciones resultaban estructuras muy inestables y a lo que más se habían llegado a parecer fue a una cuna… No me dio tiempo a decir mucho más, de hecho habían levantado ya la tapa de uno de los cajones y tenían entre las manos algunas piezas, y todo al mismo tiempo e igualmente de simultánea fue la propuesta de Guillermo: quedar al día siguiente e intentar construir algo. Estuvimos los tres de acuerdo. Durante la cena les contamos a los demás nuestra peripecia y todos desbarramos los que nos pareció conveniente, aunque en mi caso pudiera decir que hubiera divagado más sólo por el placer de imaginar. Coincidimos en situarlo, eso nos pareció fácil, en la Revolución Industrial. Les mencioné que en casa había una silla Tonet, y ese dato nos dio pie… y las patas con ruedecillas… y nos fuimos deslizando…
Domingo, 10-7-06
Cuando llegué al pazo, a las 18,30, hacía unos minutos que me esperaban Victoria, Jorge y Guillermo. Sobre las 19h trasladamos una de las arcas a la habitación que habíamos dispuesto para trabajar (un cuarto que forma parte de las oficinas) aunque pequeña, adecuada porque allí no entraba ninguna visita y el trabajo que se lograra podría permanecer allí sin causar molestias. El cajón estaba repleto de piezas. Guillermo, con muy buen método, fue colocando piezas según su forma coincidente, teniendo en cuenta sus características morfológicas. Se decidió ir trayendo las piezas que había en la otra arca y en ésta había más si cabe, era un enorme puzzle.
En uno de los cajones, efectivamente como yo recordaba, había una etiqueta pegada en la que ponía el nombre del fabricante: Fernando Leonaro e hijo, la ciudad: Vitoria y la fecha: 1804 (supongo que de fundación de la fábrica).
Nos planteamos que pudiera ser que los cajones no fueran los originales pero pronto encontramos algún listón donde también figuraba el nombre del fabricante.
A todo esto yo creo que nos fue pillando un tanto de desánimo, era un rompecabezas.
Guillermo es entusiasta, constante, capaz de proponerse un método y seguirlo, quizás influya que es fotógrafo, sabe mirar, por tanto, es más hábil a la hora de ver. A Victoria, con más hábito de colaborar con él , le resultaba fácil interpretar sus razonamientos lógicos y hasta sus composiciones abstractas.
Había pasado una hora y media cuando llegó una visita y yo tuve que hacerles de guía, he de reconocer que mientras recorría la casa yo pensaba en cómo les iría a mis amigos y si se habrían desanimado. La guía que hice esa tarde duraría más o menos una hora. Cuando bajé al cuarto de trabajo se habían incorporado a la resolución del rompecabezas Matías y Paqui. La sorpresa fue que ya habían montado un cabecero y casi una cama completa, todo ello apoyado en un número desmesurado de patas con ruedas, nunca había visto muebles parecidos, y en tema de ranciedades conozco alguna cosa que otra…
Estos eran unos muebles extraños, me parecieron un tanto tétricos, tan negros, tan finos… aún así tienen un atractivo difícil. Victoria, hábil en buscar referentes les dio un calificativo que, nos pareció, los definían bastante bien: «parecen las camas de la familia Adams».
Se hizo tarde, hacía calor, habían pasado las horas allí, encerrados entre el polvo. Eran casi las once cuando nos fuimos.
Lunes, 11-7-06
Guillermo buscó información en internet, no encontró nada referente a Fernando Leonaro. Bajó documentación sobre la historia del mueble, charlamos un rato y me enseñó dibujos. El opinaba que el estilo de las camas pudiera ser victoriano, comparamos, y efectivamente comparten ciertas características que podrían decirse victorianas, también coinciden las fechas.
Una pareja de vallisoletanos, muy agradables, entre otras cosas todas ellas interesantes, me cuentan que en el museo etnográfico de Bembibre (León) hay una cama similar a las que está montando G. Sotelo.

 

 

 

 
 
El Ciervo
24 de agosto de 2006 Charlando con Antonio Rivas, un amigo, me pregunta por que se repite la figura del ciervo en varios lugares del pazo, esto es, en la veleta (con unas medidas considerables) y en la talla de los muebles del comedor, también muy destacadas. Es una pregunta recurrente para la cual no tengo respuesta, solo especulación. Pienso que pudiera ser un animal totémico para la familia o bien que tuviese para ellos algún simbolismo. Rivas, es filólogo, vive en Inglaterra, tiene una teoría, la trascribo tal y como el me la escribió. La /r/ de «Antero» es lateral, igual que la /l/, en distintos idiomas se tiende a confundirlos, >dando «antelo», que posiblemente provenga de «antlers» > cornamenta, astas en inglés. Existía en ese momento (Guerra de independencia española) un fuerte vínculo con los ingleses.
25 de agosto de 2006
Le cuento a mi padre (Matías Yáñez) la teoría de Rivas sobre la relación entre ciervo y Antero. Matías me comenta que «anta» significa «ciervo». Este nuevo dato me parece interesante y decido consultarlo. Busco el término «anta» en diccionario de uso del español Maria Moliner.
Estas son las entradas curiosas que encontré:
anta. Ante (mamífero rumiante)
ante, Mamífero rumiante muy corpulento, con las astas en forma de pala.(V.: «Alce, anta, danta, dante, ciervo».
antera. (Gr. «antherós», de «anthos»,V.»ANT») Parte superior del estambre de las flores que contiene el polen.
Ant-, raíz del griego, flor, usada en palabras cultas.
5 de enero de 2009
Ha trascurrido un tiempo considerable desde la última anotación sobre las especulaciones que suscita la figura del ciervo en la casa; lo cierto es, que apenas logramos esclarecer nada de esta cuestión y no por falta de interés o por dejadez. Recurrimos, en nuestra pesquisa, a libros y a Internet con escasos resultados.
Sin embargo, nos parece oportuno apuntar aquí unos cuantos detalles que quizás no desvelen gran cosa, pero pudiera ser, nos orienten hacia nuevas interpretaciones o bien den pie a que alguien, que por casualidad lea estas letras, se tome la molestia de aclararnos algo al respecto.
En lo tocante a la simbología del ciervo creemos que lo mejor es ir a lo seguro; recurrimos, por tanto, a la interpretación de Juan Eduardo Cirlot, al cual citamos, a continuación, literalmente.
Ciervo
Su sentido simbólico se halla ligado al del árbol de la vida, por la semejanza de su cornamenta con las ramas arbóreas. También es símbolo de la renovación y crecimiento cíclicos, cual observa Henri-Charles Puech. En diversas culturas asiáticas y de la América precolombina, el ciervo es símbolo de la renovación, a causa de los brotes de sus cuernos. Como el águila y el león, es enemigo secular de la serpiente, lo que indica su carácter favorable. El ciervo está en relación con el cielo y con la luz, mientras la serpiente depende de la noche y de la vida subterránea. Por ello, a los dos lados del puente de la muerte y de la resurrección (Vía Láctea), aparecen las águilas, ciervos y caballos, como mediadores entre el cielo y la tierra.
En el periodo medieval en Occidente, la vía de la soledad y de la pureza fue simbolizada con frecuencia por el ciervo, que en algunos emblemas aparece con la cruz entre la cornamenta (completando así la relación árbol-cruz y árbol-cornamenta). También fue considerado como animal simbólico de la elevación. Entre los griegos y romanos, ya reconocían ciertas cualidades «místicas» al ciervo, exagerándose por proyección psíquica. Entre estas condiciones figura la atribución de una sabiduría instintiva para el reconocimiento de las plantas medicinales, por lo que la mayor parte de antiguos bestiarios dicen: «El ciervo conoce el Dictamo». Parte de su prestigio lo debe el ciervo a sus características físicas: su belleza, su gracia, su agilidad. Por su papel de mensajero de los dioses, el ciervo puede considerarse como la antítesis del macho cabrío.
– Nos llama la atención la analogía que puede establecerse en cuanto a la etimología del nombre, del fundador de la casa: Antero y el ciervo considerado, este, como símbolo de la renovación y crecimiento cíclico (ÁRBOL DE LA VIDA), en razón de los «brotes» de su cornamenta:
antero < griego: anthera < sánscrito: ándhah, planta (florida)
antero- < esp. < sánscrito: anti, cerca de, alrededor de, antes de.
Nos parece, por ende, intrigante el que el nombre propio Antero no aparezca apenas en documentos oficiales.
– Es significativa la concordancia del ciervo como mensajero de los dioses, y Mercurio o Hermes que desempeña la misma función (correo de los dioses); y es especialmente reveladora esta coincidencia por el lugar que ocupa el Caduceo de Mercurio en la decoración pictórica del Pazo; pues, este motivo simbólico (que tanto da que hablar) preside la entrada principal de la vivienda: está situado en el medio del techo del hall, y éste, a su vez, está decorado por pinturas trampantojo que representan un patio columnado; desde allí se accede: a los archivos de la Orden de Malta, a la capilla – cuya puerta la forman un dintel de columnas- (trampantojo) y, a las escaleras principales, que conducen a la parte noble de la casa. El techo de las escaleras está decorado por la esvástica que lo recorre -en greca- delimitándolo, y por las alegorías de las cuatro estaciones, de las cuales, sólo se conservan dos de ellas.
De manera que, entendemos, el caduceo sería como el eje en torno al cual gira la arquitectura y la decoración pictórica de la casa. De la misma forma que el ciervo veleta gira sobre la rosa de los vientos, siendo esta figura -acaso, simbólica- lo primero que nos recibe a nuestra entrada a la finca del pazo; ya que está situada sobre la portada que da acceso al recinto que constituye la propiedad.
Tenemos la sensación -enredados en la espiral de un «circulo vicioso»- de que toda la simbología está relacionada entre sí, nos resulta muy factible, por ese motivo, promover paralelismos;
MACROCOSMO-MICROCOSMO
-No descartamos, tampoco, que el ciervo pueda ser un motivo figurativo a la vez que significativo dentro de la Real Orden de San Juan de Jerusalén, pues, nos han comentado -personas que saben de estos asuntos- que existen motivos heráldicos, concernientes a esta Orden, donde el ciervo tiene un papel principal, aunque nosotros no hemos sido capaces de desentrañar un posible significado. Tocante a esta cuestión, nos ha llamado la atención las columnas rematadas por dos ciervos en la entrada del puerto de Rodas, actualmente denominado Mandraki. En el mismo lugar del puerto donde ahora están situados los ciervos se supone que se encontraba el famoso Coloso. La gigantesca estatua de 37 metros de altura fue construida por el escultor de Rodas, Cares de Lindos que se ocupó durante doce años en su construcción. Se cree que la base era de mármol blanco y la estructura fue gradualmente levantada con acero y piedra sobre los que se depositaban capas de bronce. Debido a su magnitud, los barcos arribaban al puerto pasando entre sus piernas. El coloso sólo se mantuvo en pie durante 56 años, en el año 227 a.C fue derribado por un terremoto.
Los Caballeros Hospitalarios tuvieron su sede en Rodas desde 1306 hasta 1522.
– Hemos encontrado, también, referencias a la cornamenta del ciervo en las Cartas Eruditas y Curiosas del padre Benito Jerónimo Feijoo, publicadas entre 1724 y 1760, concretamente en el tomo segundo, Carta Nona.
Experimentos del remedio de Sufocados, propuesto en el Tomo V del Teatro Crítico, Disc. VI.
Y virtudes nuevas de la Piedra de la Serpiente
Citamos literalmente:
Experimento V
11. El Ilustrísimo Señor Obispo de Mondoñedo D. Fr. Antonio Sarmiento de Soto-Mayor, siendo General de nuestra Congregación, después de padecer muchos días, al visitar los Monasterios de este País, los dolores de un grano, o tumorcillo de mala condición (acaso sería alguna especie de carbunclo), sin que aprovechasen varios remedios, que le aplicaron, con el uso de la Piedra convaleció en breve tiempo.
12. Siendo los alegados experimentos verdaderos, como yo los juzgo, no me negará V.S. que este descubrimiento es mucho más estimable, que el esperado, y desesperado de la Piedra Filosofal; y que en el cuerno [124] de ciervo tenemos una cornucopia verdadera, y real, harto más preciosa que la fingida de Amaltéa. Acaso en las astas de este medio doméstico bruto logramos todas las virtudes, y aún más que las que se atribuyen a la del Unicornio.
-En el Blog Entre Clásicos y Modernos tuvimos la ocasión de leer un texto sobre la Cornucopia y entendimos que podía tener cabida aquí; lo copiamos textualmente a continuación:
[…] en la mitología griega, el cuerno aparece en el famoso «sendero de Hermes también llamado «sendero de los dioses», por el cual indicó Virgilio a su hijo que caminara para llegar al centro del universo. Dicho cuerno es la imagen de los frutos abundantes del hombre regenerado, en tanto que los cuernos nacen de la cabeza, sede del pensamiento. El emblema CXVIII de Alciato lleva por título «La fortuna es compañera de la virtud».
El caduceo con las sierpes enroscadas y las alas gemelas se alza entre los cuernos de Amaltea: quiere decir que los hombres de mente poderosa y elocuente son muy favorecidos por la Fortuna.
-Como veis: lo anteriormente apuntado, no son más que retazos de cosas sacadas de «aquí y de allá», y acaso no exista correlación entre todo ello; pero nos hemos dejado llevar por la intuición a falta de otra guía más juiciosa. Pero como ya hemos comentado, en otra parte de estas disquisiciones, tenemos la esperanza, por así decir, de que esta madeja de hebras deshilvanadas encuentre un bastidor, y allí apoyadas, ajustadas y tensadas, dejen de ser nudos de hilos sueltos para ir formando una especie de tapiz. Mientras tanto, nos conformamos, que remedio nos queda, con ir agrupando cabos sueltos en un carrete enmarañado.